Dosh tazash de caldo imparcial
imparcialidad
- f. Objetividad, carencia de prejuicios.
Existen ocasiones en la vida en la que uno no es directamente partícipe de una decisión que afecta sustancialmente a su vida. Por ejemplo, cuando te ves involucrado en un juicio del tipo que sea. Te quedas ahí sentado mirando como entre los abogados y el juez, deciden que va a suceder con tu vida. Y esto es así cuando se decide un caso de custodia o una discusión sobre que famosete ha mentado a la madre de otro famosete.
Pero hay casos en los que no se decide la vida de una persona. En algunas ocasiones lo que se decide es la vida de millones de personas. De vez en cuando, el “gobierno” (como ente surrealista que flota sobre el resto de los pobres mortales) designa una comisión de expertos que han de dilucidar sobre un tema específico. En estos días, se estudia la ley de matrimonio homosexual. Y esta bien llamada, porque es un matrimonio. Ni pareja de hecho, ni amigos arrejuntados, ni novietes que comparten piso…son dos adultos que quieren unir sus vidas.
Lo ideal en este caso y en todos los casos similares, sería que las personas que se sientan a dialogar sobre el futuro de, en esta ocasión, el matrimonio entre personas del mismo sexo, no tuvieran una opinión inclinada en ningún sentido. Ni a favor, ni en contra. Todos sabemos que más allá de la frontera del país de la piruleta, eso es imposible. No hay persona que no tenga una idea, da igual lo acertada que sea, sobre casi cualquier tema. Sobre algunos temas, como por ejemplo la teoría de las super cuerdas, esa opinión, excepto en casos contadísimos, se basará en la mas profunda ignorancia. Pero no importa demasiado, ya que si yo mismo, opinara que esa teoría es incorrecta porque las cuerdas no son super y además son de un cáñamo malísimo que hace peligrar la realidad y el espacio tiempo, nadie sufriría y espacio tiempo seguiría igual.
Sobre temas como el que afronta la comisión, eso es algo un poco más peliagudo. Nuestro futuro gobierno, el del cambio y vamos a arreglar la crisis porque yo lo valgo, en un avance de “la que nos espera” ha llevado a un señor que esta a miles de kilómetros del concepto de imparcialidad respecto a la homosexualidad. En unas declaraciones que ya las quisiera para si Torquemada, el amigo Aquilino Polaino, que así es como se llama este “experto” y para más señas, catedrático de psicopatología, se deshace con maestría de ese incómodo adjetivo, el de imparcial, para adentrarse en el campo de lo parcial y, oye, que si, lo homófobo. ”A los homosexuales se les puede ayudar con terapia reparativa“. [...]
Carta al director
Lo que comienza como una iniciativa loable, no siempre termina siéndolo. Desafortunadamente, en nuestro país, a pesar de estar amparados por el artículo 14 de la constitución española, la igualdad termina en caminos baldíos, una vez que sobrepasamos el ámbito laboral, salarial y decorativo de cara a la captación del voto femenino por nuestros representantes políticos. Sangrante es el ejemplo que mejor ilustra esta desigualdad. Todo padre cuya relación sentimental fracasa, se ve abocado a la desesperación si aspira a conseguir que la igualdad que la constitución promete, se haga efectiva. Tras un largo, doloroso y, por qué no decirlo, caro proceso, no hay padre que encuentre las palabras que puedan describir como, por el simple hecho de ser un hombre, sus deseos de seguir ejerciendo de padre de hecho, que no de palabra, se ven destrozados en beneficio de la madre, únicamente, por ser mujer. Esto es deleznable no solo por la violación del artículo 14 de nuestro constitución sino, y esto es lo realmente alarmante, por anteponer los deseos o bienestar materno, por delante de los derechos y necesidades del menor. La estadística demuestra que, en igualdad de condiciones o incluso en situación de ofrecer mejores condiciones para el menor, la custodia recae si o si, en manos maternas. ¿Qué podemos esperar de una generación que crece con el ejemplo de la desigualdad grabada a fuego a lo largo de su vida? ¿Qué igualdad es esta que perpetua la segregación, que obvia deliberadamente el artículo 14 y que busca equidad salarial y laboral, dejando de lado los derechos del menor e impidiendo que los padres, copartícipes de la creación de la vida, puedan aportar de pleno derecho, su vida y su dedicación a la hora de criar a sus propios hijos?
Mientras los derechos del padre, no sean otorgados automáticamente tal y como sucede con los derechos de los madre, viviremos en una sociedad en la que la igualdad, partiendo de la base de la educación de las nuevas generaciones, será una utopía inalcanzable que tendrá como mayor perjudicado, a nuestros propios hijos.
La muralla británica (capítulo 8)
Capítulo 8
La noticía cayó en Badajoz como una bomba.
Cáceres estaba en cuarentena.
¿Cuarentena? A estas alturas, los eufemismo no nos iban a llegar a ningún sitio.
Cáceres estaba llena de infectados.
Se podría pensar que cuando nos informarón sobre vectores de la enfermedad en Extremadura, eran sospechas o estadísticamente presuponian que esta comunidad estaría afectada.
Cuando los supervivientes llegarón apiñados en cualquier cosa que tuviera ruedas y combustible suficiente, nos enteramos de la verdad.
Gran parte de estos supervivientes fueron detenidos por los controles que el ejército había instalado en las vias de acceso a Badajoz. Es obvio que no todos los caminos se controlaban.
Uno de estos supervivientes, tomó la decisión de ir a refugiarse directamente a casa de un familiar. Y este familiar era mi vecino Emilio.
Cuando llego, mi padre y yo estabámos haciendo chapucillas domésticas en las puertas de entrada de la casa. Queríamos asegurarnos que a pesar del tiempo, siguieran siendo sólidas. Instalar protecciones supletorías, no estaba de más.
No se que me llamo más la atención. Si ver a desconocidos entrar en nuestra calle o verles llegar corriendo y con la ropa llena de barro de los pies a la cabeza.
Ni tan siquiera nos miraron al pasar por delante nuestra. Directamente, fueron hacia la puerta de Emilio y comenzarón a llamar con insistencia.
Podías ver en sus caras el resultado de una noche de huida. Se notaban que estaban agotados y que lo que habían vivido, se había grabado en sus ojos. Justo en ese momento repararón en nuestra presencia. Abrieron los ojos y llamarón con más insistencia sin dejar de mirarnos.
Cuando Emilio abrió la puerta, entraron a toda prisa.
Mi padre y yo nos miramos. Volviendose hacía la puerta me dijo que teniamos que terminar de revisar la puerta, ya…
Una hora despues, Emilio llamo a nuestra puerta. Necesitaba vendas y alcohol. Resulto que el hombre que llamaba a su puerta, era su primo Tomas y estaba herido en el brazo. Por lo visto se había hecho una buena raspadura en el camino hasta a Badajoz. Estabamos bien surtidos y no dudamos en darle lo que necesitaba e incluso nos ofrecimos a acompañarle por si necesitaba ayuda.
Y para saber que estaba pasando.
Dejamos nuestra casa y caminamos los pocos metros que separaban la casa de Emilio. Al acercarnos, se hicieron evidente las pequeñas gotas de sangre que había en el suelo. Se lo señale a mi padre con la cabeza y las rodeámos. No queríamos llevarnos eso a casa.
La escena al entrar en su casa era complicada. La “raspadura” resultó ser una herida realmente fea. Una sección de unos 6 centrimetros de su antebrazo izquierdo, había desaparecido y lo que quedaba era los restos del flexor profundo de los dedos. Su mano izquierda reposaba inerte encima de la mesa mientras Clara, la mujer de Emilio, trataba de aplicarle algo que parecía una toalla, para calmar la hemorragía que estaba desangrando al primo de Emilio.
-Hemos esterilizado aguja e hilo y vamos a coserle eso como sea – el tono de Emilio al ver nuestras caras, no ayudo a tranquilizarnos.
-Esa herida va a necesitar algo más que aguja e hilo.
-Ya, pero no hay nada más y no me atrevo a avisar al ejercito. Mi primo viene de Cáceres.
Le miré sin entender que le impedía avisar al ejercito y que le llevaran zumbando al hospital. Si a ese hombre no le operaban, estaba bastante claro que se desangraría encima de la mesa de la cocina.
-Llegarón a medio día…- Al ver que su primo hablaba, me giré hacía a el. Mi padre hizo amago de acercarse hasta que le sujete por el brazo y le mantuve a mi lado, a una sana distancia de 3 metros del primo.- nosotros tambíen estabamos bajo el estado de sitio…llegarón aullando…una marea…no paraban…golpeaban las puertas…nada les paraba…el ejercito les disparo…pero no paraban…iban despacio…pero no paraban…vi como agarraban a los soldados y les mordian!! Les mordian, me oyes! Llegaban esas…esas…cosas y se tiraban encima de todos los que había en la calle y los matarón!! los mataron! Subí a mi mujer y a mi hija en el coche y salimos del garaje y …y no sabía a donde ir no sabía… esas cosas…por todos lados, estaban por todos lados…solo …la carretera a Badajoz parecía libre pero había un control del ejercito lleno de soldados y sacos y armas y un tanque y se pusierón a disparar hacía nosotros! No nos advirtieron, solo dispararón! Solo…los disparos…los aullidos…estaban detras de nosotros, por todas partes…solo…el arcen! Así pasamos el control…otros…otros coches tambíen lo pasarón…pero mi…mi…le dije a mi mujer no te asustes, no te asustes, cariño…ya hemos pasado…nos vamos, cielo, ya esta hecho…ella…no…ella…los disparos…tenia un agujero en su cabeza…un disparo…y mi hija…lloraba…ella…
-¿Juan, dondé esta tu hija? ¿Donde esta tu hija?¿¿Donde esta Lucia??-Tomas le agarraba por los hombros y pense que le iba a levantar de la silla de tan fuerte que le estaba agarrando.
-Lucia…esta noche…cuando nos quedamos sin gasolina…a 20km de aquí…mas gente…un bloqueo…lo rodeamos, pasamos por el campo…nosotros…- esa era la gente que había llegado con él.-ahí estaban ellos…esos…los…esos…vienen hacía aquí! ¡Me la quitarón de las manos! ¡¡Me la arrancarón de las manos!!!!
Agarre a mi padre del brazo y lo saque a la calle. Teníamos que asegurar las puertas. Y teniamos que hacerlo ya.
Hay 20 metros entre nuestras casas pero parecian 2000. No habíamos llegado a la puerta cuando lo escuche. Un vehículo del ejercito, al menos uno, anunciaba por megafonía la inmediata evacuación de Badajoz hacía el cuartel de Botoa.
Dios, no. Dios…
La voz continuaba diciendo que no salieramos de nuestras casas bajo ningún concepto. Que no nos acercáramos a extraños y que ante todo, evitáramos cualquier contacto con personas que presentaran heridas abiertas.
Tan pronto abrimos la puerta, entramos y nos repartimos. Mi padre aseguraba la puerta principal y yo me ocupaba de la puerta del garaje. Abrimos la puerta de casa y nos encontramos a mi madre y a mi cuñado, cerrando todas las persianas de la primera planta, mientras mi hermana calmaba a mis sobrinos.
La voz del megáfono sonaba ya lejana y difusa. Apenas a 1200 metros de mi casa, se encontraba la antigua frontera con Portugal, asi que no iría más lejos. Nunca me acerqué a comprobarlo, pero juraría que el ejercito portugues, había cerrado tambíén su lado de frontera.
-No vamos a evacuar- Mi padre me miro sorprendido. -¿Cómo que no vamos a evacuar?
-Ya me has oido. El cuartel no es seguro.-
-La casa tampoco-
-No. Tampoco lo es-
-¿Entonces?- Nunca había visto tan desconcertado a mi padre. Esto le superaba. Y a mi. Y a cuarenta y tantos millones de españoles.
-Papá, ya se que es una locura. Pero escúchame.
-¡Claro que es una locura! Chata, vamos a preparar lo que necesitamos y…
-¡Si vamos al cuartel moriremos! ¡No vamos a ir al cuartel!-
Notaba la sangre como me llegaba a la cabeza. Había mil cosas que necesitaba explicarles, pero no teniamos tiempo.
-Por favor, papá -use el tono de voz más calmado que aún me quedaba- por favor, escuchame. Nos quedaremos en casa hasta pasado mañana. Y despues os llevaré a un sitio seguro. Lo tenemos todo preparado. Por favor, se que suena como si fuera una locura, porque lo es. Pero te ruego que me escuches…
Durante dos minutos les expliqué nuestra idea. La estúpida y arriesgada idea. Dos minutos durante los que mi padre me escucho sin cambiar un milímetro la expresión de su cara.
-Estais como una cabra. Chata, nos vamos…-
Y lo oimos todos.
Agudo, intenso…e inhumano.
Y al lado de nuestra casa.
Ya no importaba si estaba loco, el plan era una estupidez o si debíamos coger el primer camión del ejercito.
Estaban en nuestra calle.
Nos quedamos helados. Una cosa era escucharlo por la televisión y otra tenerlo cerca. Muy cerca. Tanto que parecía venir de la casa de Emilio. Y junto a aquello, escuchábamos otros sonidos más familiares. Gritos humanos.
Emilio y su mujer estaban gritando.
Mi padre se lanzó hacía la puerta solo para ver como mi madre le detenía.-De ninguna de las maneras vas a salir a la calle-.
-Pero, ¿y Emilio?
-Papá, no puedes salir sin más a la calle. Joder…voy contigo. Cojamos las escopetas.
-Tienes razon…
Un par de minutos más tarde, salíamos al jardín con las dos escopetas.
-Papá, pase lo que pase, no hagas ruido. No hagas movimientos bruscos. Y no dispares excepto que no tengamos otro remedio.- Asintio con la cabeza y abrimos la puerta que daba a la calle. La puerta estaba recien engrasada y no hacía el menor ruido. Asome la cabeza por la rendija y no vi un alma. La calle estaba completamente desierta.
Salimos a la calle y comenzamos a caminar despacio en dirección a la casa de Tomas. El sonido, el aullido…incluso los gritos, habían cesado. No se oia un alma. La escopeta me pesaba en las manos. Sentia el tacto de la madera antigua, el olor del aceite con el que habíamos limpiado las armas.
Comencé a sudar. Todo lo claro que lo tenía unos minutos antes, había desaparecido. No sabía que coño estabamos haciendo mi padre y yo, en la calle, con dos escopetas con 30 años a sus espaldas, dirigiéndonos hacía una casa en la que, hubiera lo que hubiera, me estaba acojonando como jamas pense que fuera posible.
Al llegar a la puerta de Emilio, la encontramos abierta tal y como la habíamos dejado mi padre y yo al salir pitando de la casa. Le hice una seña de que esperase. Me asome todo lo despacio que pude. Centímetro a centímetro.
Y ahí lo vi… [...]
La muralla británica (capitulo 7)
Capítulo 7
Había dejado de llover.
Despues de una semana de inusual lluvia y un frio que anunciaba la cercanía del invierno, las nubes se retiraron y en medio de la crisis, la pequeña, la cercana, la que teniamos encima con sus adornos de policias y militares en todas las calles, salio el sol.
Cuando levante la persiana, el pequeño paisaje que veia desde mi balcón, me produjo una sensación de tranquilidad.
Afortunadamente, no vivia cerca del centro de la ciudad. Casí podía decir que vivia en el campo. Al menos, cuando llegaba el verano y con la cercanía del Guadiana, teniamos nuestra colección de insectos como el que más.
Pero sobre todo, lo que más me gustaba de la casa, era el silencio.
La autovia estaba a poco más de 600 metros y entre medias teniamos una estupenda barrera de eucaliptos. Incluso en momentos de mucho tráfico, apenas si se oia un coche en la lejanía.
Desde que se impuso el estado de sitio, escuchar el motor de un coche, era práctimente imposible.
Empezaba a ser habitual escuchar el sonido de las helices de los helicopteros sobrevolando la ciudad y de vez en cuando, los dos vehículos del enlace del ejercito que aparecía una vez al día.
Cada vez que nos comunicaba las nuevas, me recordaba al voceador que comunicaba las noticias en los pueblos antes de la explosión de las telecomunicaciones. Los vecinos le rodeaban, ávidos de noticias que les llevaran algo de la tranquilidad que internet no nos daba. Aquellos días, aquellos últimos días en los que podiamos acceder a internet, la más de las veces te arrepentias de hacerlo. No porque no encontraras información. Había mucha. Demasiada de hecho.
En la prensa extranjera ya se comenzaba a llamar la fiebre madrileña. Corrian informaciones y en aquel momento no sabía como de fiables podían ser, de los primeros casos en el sur de Francia, Italia y Marruecos. Se estaba moviendo rápido. No cabía duda.
Blanco y en botella.
No dejaba de pensar en lo que dijo Leyton. ¿Y si no estabamos equivocando?¿Y si no eramos más que unos raros muertos de miedo y la cabeza llena de pesadillas?
Ojala.
Ojala que dentro de unas semanas todo fuera un nuevo virus de la gripe que se había encabronadoun poco.
Ojala que cuando salgamos de esta, La Crisis haya desaparecido.
Ojala que Messi se canse del futbol y se dedique al parchis.
Ojala que mi hijo este bien…
Ojala…
Inshalla, como era la expresión original. Si Ala quiere…si Dios quiere…si el monstruo del espagueti volador quiere…si Pikachu en su santo proceso evolutivo quiere…
En se momento no me cabía duda que la gente, a falta de otra cosa a la que agarrarse, se tiraba hacía la fe. ¿Qué mejor momento para recordar que, quizas, había algo ahí arriba, cuando aquí abajo estabamos con las gonadas camino de la boca?
Recuerdo como en 1958, aparecio en una pared de la universidad de Harvard, una pintada que decía “Dios es la respuesta”.
Unos días más tarde, alguien añadio “¿Cual era la pregunta?”.
La pregunta ahora era ¿saldremos con bien de esta? ¿Cuando?…
¿Dios era la respuesta? Yo no lo creia. Nunca lo había creido. Y si un momento en el que mantener la cordura era un paso imprescindible para sobrevivir, perder la cabeza para seguir como un corderito manso aquello que dijera la Iglesia, no me parecia una buena medida.
No creia que escuchar estupideces sobre el fín del mundo, el apocalipsis o la redención de los pecadores por haber permitido un mundo en el que los hombres se casaran con los hombres, que el aborto fuera legal y que la gente se alejara de la “verdadera”, fuera a solucionar nada.
Cada persona tenía una manera de sobrellevar la tensión.
Lo único que para mí, nos podía ofrecer la iglesia, eran sólidos muros de piedra…
Habiamos decidido vivir todos juntos en casa. Así que a la hora del desayuno, la cocina estaba saludablemente llena. Solo nos faltaban dos. Mi hermana pequeña que no había podido coger un autobus para venir a Badajoz y mi hijo.
Veia la expresión de preocupación que aparecía en la cara de mi madre, cuando creía que nadie la miraba. Como siempre, quería darnos fuerza. Quería ser fuerte. Pero la pena, por mucho que la escondiera tras una máscara de determinación, ahí estaba.
Y la entendía perfectamente.
Antes de la epidemia, la información que me llegaba de mi hijo, era escasa. Casí nula excepto que yo me desplazara hasta Santiago.
Ahora que teniamos este marrón encima, no sabía nada. Nada de nada. Y me estaba matando.
A pesar de que nos asegurarón que las comunicaciones continuarían, los móviles continuaban emitiendo el mensaje de la que mi madre llamaba “la zorrita”. Afortundamente, internet continuaba funcionando aunque cada vez más servidores españoles se caian. Yo le mandaba email tras email, rogando que me dijera como estaba, donde estaba, como se habían preparado (si lo habían hecho) para afrontar esto o cómo estaba la situación en Galicia…
Era como hablar con una pared de ladrillos. O peor. Ni siquiera mi eco retornaba.
Traté de apartar esos pensamientos. Por el momento, no podía hacer nada. Pero si podía ayudar a los que me rodeaban. Y me necesitaban tanto como yo los necesitaba.
Abrí mi racíon de campaña que tan amablemente esta repartiendo el ejercito y me propuse seleccionar las viandas que tan suculenta selección me ofrecia. Deseche la carne enlatada, la sopa, el atún…y me fuí a por el pate para hacer una tostada con el pan que teniamos que comernos antes de que se estropeara. Teníamos comida para meses, pero sin saber que nos esperaba, era mejor racionar.
Racionar. ¿Por cuanto tiempo? [...]
La muralla británica (capítulo 6)
Capítulo 6
No había tiempo que perder.
El teléfono seguía enfadado conmigo y con el resto de la humanidad. La única manera de comunicarme con todo aquel que no estuviera a menos de 300 metros, era internet.
Por favor, que no hayan cortado la red…
Esperar a que se encendiera el portatil, se me hizo eterna.
En cuanto arrancó, fui directo a Facebook. Casí todos mis amigos estaban conectados. El pequeño reducto de aquellos que aseguraban que jamas de los jamases tendrían una cuenta, habrían de ser localizados por otro medio. Afortunadamente, solo Edu y Leyton componian ese pequeño grupo de herejes. Y a Edu se le localizaba via Caty. A Leyton…Dios, ¿donde vivia este hombre?
Es posible que Edu lo pudiera recoger.
Ahora, teníamos que quedar.
En menos de 10 minutos ya estabamos todos hablando por el mismo canal de chat. Aquello era una locura. 10 personas hablando al mismo tiempo por la escueta ventana. Silvia pego un golpe en la mesa y nos hizo callar.
Quedariamos en el irlandes en 15 minutos.
La emisión del accidente había pillado a mis padres en el jardín y aún no sabían nada. Me dí cuenta que si les explicaba lo sucedido, perdería mucho tiempo y me enfrentaba a que mi madre se asustará y tardara una eternidad en asegurarle que no me “metería en lios”.
Deje el coche en casa y agarre la bicicleta. Aún pedaleando, llegaría con tiempo de sobra. No tenía ni idea de como estaría el tráfico y, sobre todo, no sabía si podriamos necesitar ese combustible más adelante.
Usar la bicicleta fue todo un acierto.
Si la gente estaba asustada, despues de las imágenes del accidente, el pánico llego a las calles.
Una enorme cola de coches que se dirigía al supermercado, atascaba las avenidas principales de la ciudad. Y los que no llevaban ese destino, atascaban las demás calles en su intento de llenar los depósitos de sus coches.
Las gasolineras se convirtieron en pequeñas demostraciones humanas de la teoría del caos. El sistema dinámico que componía la población de Badajoz, se encontraba ese día absolutamente sensible a lo que ocurría en la capital. Ver a una antorcha humana salir de un infierno de metales y fuego, no ayudo en nada a rebajar los miedos.
Me preguntaba si, de no haber comprado todo lo que necesitábamos, no sería uno de los que, impacientemente, esperaba en la cola de la gasolinera.
Aleje esos pensamientos y pedalee con más fuerza.
Llegue el primero y me toco esperar. Mal momento para tener paciencia.
Poco a poco, llegaron todos. La mayoría, en bicicleta. Los que no, viendo como estaba el tráfico, optarón por andar.
- ¿Quién empieza?- pregunto Caty.
Nos pusimos todos a hablar al mismo tiempo. La cacofonía de voces no era más que la representación de la misma idea que nos rondaba a todos.
No sabiamos que estaba pasando. Solo teniamos retazos de información. Pero algo, lo que fuera, hacía que los humanos se convirtieran en pedazos de carne insensibles, al menos, al fuego…
- Hemos hablado de esto mil veces – solto Edu aprovechando un silencio- Lo hemos preparado al milímetro. Y ahora que lo tenemos encima, no nos lo creemos, ¿Verdad?.
Asentimos en silencio.
- ¿y si tenemos razón?- continuó – Solo nos queda por decidir cuando lo haremos.
¿Cómo es posible que nunca hablaramos sobre eso? Los planes más perfectos, pueden fracasar en un instante, justo en el momento de empezar.
El televisor de plasma que tenía el irlandes, paso del mensaje en blanco que ya conociamos a la vida. Nuevamente teniamos en la pantalla al representante de la UME. Pero en esta ocasión, iba con uniforme militar y no de paisano.
“Recientes cambios sucedidos en la ciudad de Madrid, obligan al presidente del gobierno, a cambiar las directrices de la cuarentena a la que la capital estaba siendo sometida.
Los habitantes de la ciudad de Madrid son víctimas de una enfermedad infecciosa, con una grado de contagio del 100%. El intento de prevenir una expansión del contagio, ha sido fallido.
Vectores de propagación de dicho contagio, se han descubierto en las comunidades autónomas de Andalucia, Castilla la Mancha, Murcía Valencia y Extremadura.
Con efecto inmediato, se declara el estado de sitio en las citadas comunidades. Todos los establecimientos comerciales, quedarán bajo la supervisión de el ejercito. Se ruega, por su seguridad, que todos los ciudadanos vuelvan a sus hogares y esperen las oportunas instrucciones. Dichas instrucciones seran comunicadas por miembros del ejército, en las diferentes poblaciones que componen estas comunidades autónomas.
Con efecto inmediato, se elimina el derecho a reunión. Cualquier necesidad básica, como alimentos, urgencias sanitarias o urgencias de algún tipo, deberán ser comunicados al representante militar de su zona, únicamente cuando el representante se persone en dicha zona.
Los canales de comunicacion permanecerán abiertos.
El presidente les asegura que la situación estará pronto bajo control. Lamenta los contratiempos que estas medidas extraordinarias les puedan ocasionar.
Buenos días” [...]
La muralla británica (capítulo 5)
Capitulo 5
Cuando abrí los ojos me encontre con mis padres que me miraban asustados.
Me había quedado dormido en el sotano.
Despues de llorar, mi cuerpo pulso la tecla de desconexión y caí rendido. A veces el cuerpo sabe más que nosotros. O al menos, más sobre lo que necesitamos. Y yo necesitaba dormir.
Despues de tanto tiempo sin descansar, aquella noche de sueño por agotamiento, hizo que me levantara extrañamente lleno de energía.
El día comenzaba a aparecer y tras un café y unas galletas, decidí tratar de averiguar algo más.
Apenas le dedique una mirada al teléfono. Era obvio que las lineas seguirian colapsadas y no estaba dispuesto a volver a escuchar aquella voz pregrabada.
Encendi mi portatil y comprobe como algunos de los portales españoles, estaban caidos. Tenía su lógica. Si Madrid esta cerrado a todo lo que no fuera el viento, los servidores alojados allí, no podían estar dando servicio.
Hasta nuevo aviso…
Probe suerte con servidores alojados en el extranjero y la suerte me sonrio. Los periódicos de media Europa comentaban lo que nos estaba pasando. En Madrid había gente de todo el mundo y los corresponsales extranjeros eran parte de los que se habían quedado encerrados sin dar señales de vida.
Nadie sabía nada.
Deje de lado la prensa sería y traté de buscar información menos contrastada. Corría el riesgo de meterme en páginas sensacionalistas y acabar leyendo como Godzilla se estaba partiendo los cuartos con King Kong, en la plaza de Sol.
Curiosamente, la mayor parte de la información que conseguí, la aportaban aquellos que habían salido de la capital, unas horas antes del cierre. Estos hablaban sobre como la población estaba realmente asustada y como un rumor comenzaba a extenderse entre los madrileños.
Incluso encontré la obligatoría foto medio borrosa que siempre tiene que aparecer en programas como Cuarto Milenio. Me permiti una sonrisa al pensar en la mina de oro que Iker Jimenez pensaría obtener con todo lo que estaba pasando. Intrigas gubernamentales, ataques siniestros en las morgues, hospitales malditos… Pero cuando caí en la cuenta que lo mismo él también esta atrapado, supuse que no le estaría haciendo gracía. Una cosa era comentar los increibles y paranormales sucesos acaecidos en un antiguo manicomio abandonado(y lleno de frikis con grabadora) y otra al ejercito impidiendote salir de la ciudad.
Deje de lado los transcendentales problemas del amigo Jimenez y me dediqué a ver que sacaba en claro de la foto.
Sospechaba que me encontraría con la versión castiza del típico platillo volante fabricado con los elaboradísimos elementos típicos de estos casos. A saber: plato de plástico y cuerda de nailon. Pero lo que la foto mostraba no parecia un ovni casero.
Parecía que el fotografo tomo la foto con prisa. En parte por el ángulo en que la tomo y en parte porque no estaba desenfocada. Sino movida. Si mirabas con atención, podias seguir perfectamente el movimiento del brazo. Un medio arco de arriba a abajo.
Que curioso.
Sin mucho esfuerzo, se podía ver que en el fondo de la fotografía, había un edificio. Concretamente, la entrada de un edificio. Un tramo de unos 20 escalones de color blanco que ocupaba todo lo que parecia ser la entrada.
Pero lo que me llamo la atención, fueron los colores del edificio. Claramente se veian dos franjas. Blanco y lo que juraría que era marrón, intercalado entre las ventanas.
Hacía mucho tiempo que no veia el hospital de la Paz, pero esos colores me recordaban algo. Rapidamente, me meti en google maps y me acerqué todo lo posible al hospital.
Y ahí estaban las franjas de colores. Ahí estaban las escaleras y justo a la izquierda, la entrada de urgencias.
Ya sabía que la foto era auténtica. Quien la tomó, estaba delande de la Paz.
Continue mirando la fotografía.
El resto de la imagen la componían personas.
Todos ellos corrían. Y corrian hacía el fotógrafo.
¿Por qué toda esa gente estaba alejandose del hospital?
Algo no terminaba de cuadrarme. Me rondaba la cabeza como una mosca cojonera en verano, pero era incapaz de alcanzarlo.
Trate de sacar algo más de la fotografía, pero la calidad de la foto no me permitía aumentarla para sacar algo más en claro. Cuando lo intente, obtuve unicamente pixeles. Seguro que el amigo Jimenez sacaría 4 docenas de libros de esos píxeles. Pero yo solo saque un estupendo dolor de espalda. Llevaba dos horas inclinado delante de la pantalla de mi portatil y una magnifica contractura me recordo que debía descansar.
Me levante de la silla y me fui hacía la cocina para preparme un te. No necesitaba cafeina. Unicamente, una tacita de english breakfast con leche caliente.
Es irónico ver ahora, en retrospectiva, como alguno de los gestos que haciamos cotidianamente, involucraban un grado de complejidad más alto de lo que suponiamos.
Mi simple te con leche necesitaba, obviamente, del te y la leche. Sin un agricultor que cultivara el te, sin el distribuidor, la empresa que lo empaquetaba, el importador y así hasta el reponedor que lo colocaba en su estanteria, no podría calentar un simple te. Con la leche, otro tanto. La leche, el frigorífico, la electricidad…
Pero antes no le dábamos valor a esas cosas.
Tener te o café, en tu despensa, era lo normal. No pensabamos en todas las personas que estaban involucradas.
Hoy…¿quien sabe cuantos quedamos?
Mientras esperaba a que el microondas calentara la leche, encendí la televisión. Como era de esperar, un especial informativo, nos daba la última hora de lo que sucedía en Madrid. [...]
La muralla británica (capítulo 4)
Capítulo 4
Eran más de las 2 de la mañana cuando terminamos de organizar el sótano.
A lo largo de las paredes, se alineaban unas inmensas estanterias de madera que mi padre y yo, habiamos construido para sustituir aquellas otras de metal que tantos años habían aguantado.
Estas otras eran mucho más anchas y tan altas que lo colocado en la última repisa, llegaba hasta el techo.
Pero ahora, despues de una tarde frenética, todo lo que habiamos comprado se alineaba incluso por delante de las estanterias.
De hecho, gran parte del tiempo lo dedicamos a colocar los diferentes elementos, en función de cuando tuvieramos que usarlos. Aquellos alimentos, por ejemplo, cuya fecha de caducidad fuera más reducida, y era complicado encontrar algo que aguantara menos de dos años, estaba colocado en primera fila. Al igual que aquello no comestible que habiamos comprado. El abono, las semillas, las herrramientas, hasta los bidones de combustible que habiamos llenado a última hora en la gasolinera más próxima a nuestra casa. Todo estaba apilado hasta el techo. Tanto en el sotano como en el garaje.
Todavía recuerdo la avalancha humana en el supermercado. Caras de miedo. Caras de urgencia.
Personas que unos minutos antes estaban delante de sus televisores y que en cuestión de segundos, tomaron las misma decisión que nosotros, horas antes, habiamos tomado.
Todavía no había podido ver las noticias y no queria perder tiempo en sacar la blackberry y consultar aquello que había producido esa avalancha.
Solo quería salir de alli con mi carro lleno hasta arriba.
Tal era la cantidad de gente que se agolpaba en la entrada, que tarde varios minutos en recorrer los escasos 50 metros que separaban la entrada del Xsarita.
A pesar de la prisa que todo el mundo parecía tener, no había violencia. Era una situación algo indeterminada entre el miedo a lo desconocido y el comportamiento grupal. Parecía que gran parte de ellos habían salido a la calle unicamente por tener contacto con sus vecinos. Por intentar entender que estaba sucediendo. De ahí a que se lanzaran a los supermecados para comprar víveres, había pocos pasos. Bastó con que la marea humana que llenaba las calles, siguiera al primero que se dirigio hacía la entrada con cara de urgencia. Lo demás fue tan simple como responder a por qué una gota de agua de rio, sigue la corriente hasta el mar.
Contrariamente a lo que pensaba, del supermecado hasta mi casa, fue un trayecto rápido. Apenas había coches en mi dirección, sencillamente porque me dirigía a las afueras y los supermecados quedaban todos a mi espalda. Parecía que la ciudad entera había tomado la decisión de salir de la crisis a base de comprar todo lo posible en las tiendas de alimentación.
Ordenado todo, tanto en mi casa como en casa de mi hermana, nos reunimos en mi cocina, encendimos la televisión y tratamos de ponernos al día de que estaba sucediendo. La programación normal de entre semana, estaba sustituida por especiales informativos en todos los canales. Teletienda continuaba anunciando milagrosos cinturones para fortalecer los abdominales, pero los demás, desde la 1 hasta la sexta, ofrecian contenidos similares.
Por fín nos enteramos que a las 21:00, por una orden ejecutiva de la Moncloa, el responsable de la UME (la unidad militar de emergencias), declaraba el estado de sitio a la ciudad de Madrid. Desde ese momento y por motivos de seguridad nacional, quedaban cortados todos los accesos de la capital de Madrid y todos los accesos a las poblaciones limítrofes en un radio de 10km, tanto en carretera, como ferroviarios.
De la misma manera, el espacio aereo sobre la capital, quedaba cortado. Todos los vuelos con destino a Madrid, en función de su origen,quedaban desviados a otros aeropuertos españoles. Por supuesto, los vuelos de salida, quedan cancelados hasta nuevo aviso.
Hasta nuevo aviso.
Esas tres palabras retumbaban en mi cabeza.
Hasta nuevo aviso.
Nadie podía entrar.
Nadie podía salir.
Todas las comunicaciones con la capital, quedaban cortadas.
Hasta nuevo aviso.
El silencio sobre la capital de España, quedaba impuesto.
El comunicado terminaba indicando que por los mismo motivos de seguridad nacional, se decretaba un estado de excepción en todo el pais. Desde las 24:00 horas de ese mismo día y hasta nuevo aviso, se imponía un toque de queda a partir de las 17:00 de la tarde hasta las 08:00 de la mañana.
Todos los servicios oficiales seguirian funcionando con normalidad pero se recomendaba no acudir a los centros de salud, excepto en casos de gravedad.
Una sensación de deja vu me invadio. Había vivido esa situación antes. O más bien, la había leido, visto u odio en algún sitio. En alguna novela. En alguna película. En algún sitio. [...]
La muralla británica (capitulo 3)
Capitulo 3
Cuando llegue al ritual de las cañas, me esperaban Caty, Silvia, Leyton y su costilla.
Siempre me ha ocurrido que los nombres, como si fueran donetes en la hora del recreo, desaparecen de mi memoria. Aún me estaba aproximando a la puerta del irlandes, mientras rebuscaba en mi neurona, el nombre de la novia de Leyton.
¿Cómo se llamaba esta chica?
- ¿Qué, has aparcado en Cuenca?- me pregunto Caty en cuanto llegue.
- Mira, que tu seas pacense y no sepas que aparcar en este pueblo, es imposible…oye, ¿y Edu?
- Currando. Tiene turno de tarde.- me respondio.
No habiamos pedido ya las cañas cuando me lance como don Quijote, a contarles mi idea del centro comercial.
-Si, que buena idea. Lo mismo pense cuando se me ocurrio a mi hace dos semanas-me solto Silvia.
Al ver que Andre, su novio, asentia, solo pude levantar la ceja en un acto que mezclaba incredulidad con un -si, ya!. ¿Y qué más? Tu me dijiste que los centros comerciales no eran sitios seguros. Y que los saqueadores los hacían aún peores.- Toma ya. Dos puntos para el chache.
-Vamos, hombre. Que tu bebieras alguna pinta de más y no te acuerdes, no significa que no lo dijéramos.- Ahi estaba Leyton al quite. – De hecho, fui yo el que sugerí que posiblemente encontráramos generadores auxiliares para la instalación eléctrica…-(¿Cómo?)
-Y no te olvides de que en el tejado podiamos instalar unos invernaderos…-solto Andre.
Y mientras todos sacaban ideas sobre lo que podiamos hacer para sobrevivir allí dentro, incluso un plan en el que concretamos la hora, dia y lugar para el “asalto”, me di cuenta que mi idea, lejos de ser original, crecia por si misma impulsada por un buen número de calorias de energia frikitona y las propias de la levadura al combinarse con el lúpulo.
Ya estaba llegando a casa cuando mi blackberry empezó a vibrar.
Normalmente espero a que vibre y suene. Si no suena, es el chat de la empresa. Lo que significa que es alguíen que me quiero cargar algún marrón o que quiere cotillear un rato porque se aburre. En ambos casos, suelo ignorarlo.
Pero despues de la vibración, llego un sonido que solo podía ser el que hacen los email al entrar a mi bandeja.
Y estaba esperando, un email de mi abogada.
Saque el aparato del bolsillo y lo desbloquee.
Ahi estaba el email.
Según parecia, mi ex estaba en pie de guerra y se volvian acercar nubarrones en el horizonte. Pero estos no eran de lluvia como había estado cayendo toda la semana. Estos eran de lo que mis amigos consideraban y la real académia de la lengua apoyaba, auténtica mala leche.
Por lo visto, ahora consideraba que al no tener obligación legal de dejarme ver a mi hijo, no lo iba a hacer. Así que, el fin de semana que iba a ir, tendría que cancelarse. Parecía que mi excursión a correos para solicitar el voto a distancia, no había servido para nada.
Bloquee la blackberry, saque un cigarro y me dispuse a contar hasta 10.
O hasta10 millones.
Lo que hiciera falta.
Al entrar en casa mi madre me vio la cara. Tiene un sexto sentido para estas cosas. Le falto tiempo para preguntarme – ¿has sabido algo de la abogada, verdad?- ¿Cómo lo hace??, pense.
Le conte la versión abreviada y me dijo que no me preocupara. Que todo se iba a arreglar.
Comenzo a contarme lo que había hecho en su dia. Que ibamos a comer, lo mal que estaba el tiempo y lo friolera que se había vuelto con los años.
Decidí dedicarme a la ambrosia que mi madre había cocinado, sin darme cuenta que posiblemente esa fuera la última vez que lo comería.
Y ni siquiera recuerdo que fue…
Mientras comiamos, las noticias echaban humo. Por primera vez en meses, La Crisis, las agencias de calificación y la madre que los pario, no ocupaban el espacio central de los informativos. El duo dinámico formado por Merkel y Sarkozy no salian haciendo el numerito conciliador de todos los dias y, por si fuera poco, la sección de deportes apenas fue testimonial.
Al parecer, la situación en la Paz se estaba complicando. Significara lo que significase aquello. Porque para el público en general, todo seguia igual. Con la excepción que a los coches de policia y a alguna que otra lechera, se les estaban uniendo los camiones del ejercito.
Según el peridodista enviado, 3 en los últimos 20 minutos y, por lo visto, 3 más en camino.
La conexión se estaba realizando en directo, por lo que podiamos ver como los soldados se bajaban del camión y se iban colocando en algo parecido a una formación castrense.
Hasta que se escucho el primer disparo.
Instintivamente, el periodista y el cámara, se agacharon al igual que la mitad de los soldados.
La otra mitad, sargento incluido, se lanzaron hacía la entrada principal de la Paz, mientras en directo y sin que nadie patrocinara este momento tan especial, amartillaban sus armas y comenzamos a ver los fogonazos que preceden a los sonidos de los disparos.
Y la conexión se corto.
No quiero decir que la transmisión del periodista se cortara y volvieramos al plato.
No.
La pantalla del televisor paso completamente a volverse negra.
No sabia si en la mano tenía una cuchara o un tenedor.
Solo recuerdo que fuera lo que fuese que estaba comiendo, se quedo en mi boca medio abierta mientras sujetaba sin notarlo, el cubierto.
No podia creer lo que estabamos viendo.
El ejercito entrando a la Paz, pegando tiros…
¿Qué estaba pasando? [...]
La muralla británica (capítulo 2)
Capitulo 2
El día siguiente no comenzo de manera diferente.
Hacia semanas que no lograba dormir en condiciones.
Desde que me había separado y con mis idas y venidas de abogados en un intento futil de conseguir la custodia de mi hijo, algo imposible en España, mi cabeza funcionaba al máximo de su rendimiento.
Incluso cuando intentaba dormir.
Sobre todo entonces.
No dejaba de buscar la manera de solucionarlo todo. Me preguntaba cual era el mejor camino, cómo contentar a mi ex para que me dejara ver a mi hijo, cuando terminaría todo esto, ¿entendería él lo que estaba sucendiendo entre sus padres?, …
Nunca parecía encontrar una respuesta que contentara a mi cabeza.
Así que día tras día, acababa por dormirme de madrugada. Y claro, al despertar, era un zombie.
Manoteo hasta encontrar el movil que me despierta, ducha, desayuno y camino a Mérida.
Otra vez llegue sin darme cuenta.
Hasta que no me tome el primero de los 3 cafes que cayeron esa mañana, no empece a ser yo mismo. No recordaba nada de lo sucedido el día anterior. O, sería más correcto decir, mi cabeza aún rememoraba el sueño que había tenido esa noche y no estaba el horno para bollos.
Me retrase un poco ese día en salir. Quería terminar unos asuntos que llevaba retrasando ya unos días y fue a las 14:30 cuando me estaba metiendo en el coche.
Quizas fue la convinación de movimientos. Abrir el coche, meterme y al sentarme, mirar la radio. Pero se me vino todo a la cabeza. La radio, la periodista hablando atropelladamente, las sirenas de la policia, …y estiré mi mano para encender aquella radio tan poco util y agradecida.
Comenzaba a sonar las señales horarias de las 14:30, cuando el locutor anunciaba los últimos acontecimientos relacionados con otra bajada de la calificación de España, la crisis, los aspirantes a presidentes en las próximas elecciones, Ronaldo que se había vuelto a cortar el pelo y ahi perdí el interes. [...]
La muralla británica (capítulo 1)
No recuerdo cómo empezo el día.
Hace muy poquito, apareció en las noticias de la primera, un suceso común en los conductores españoles. Aparentemente, 1 de cada 4 personas, no recordaban como habían llegado a su destino. Recordaban haberse subido al coche y haber salido de el. Pero el camino tomado, los vaivenes de la conducción o si habían parado o no en algún semáforo, era algo que escapaba a su memoria.
Solo sabian que habian llegado. Y, casi siempre, al lugar donde querían ir.
Algo así me sucedió a mi.
Mi primer recuerdo de aquel es buscar a tientas en teléfono movil. Vagamente recuerdo como me levantaba, desayunaba, una ducha rápida y ale, al lio.
Lo siguiente que recuerdo, es llegar a Mérida.
Y casí mejor.
Los 67 km que separan Badajoz de la capital extremeña, siempre se me hacian eternos.
Habitualmente, con buen tiempo, poco tráfico (algo normal, por cierto) y ganas de sentir como mi discreto Xsara vibraba en cuanto pasabas de 110 km/h, el trayecto lo hacía en unos 40 minutos. Y eso que me empeñaba en que en media hora se podía hacer. Pero la medía hora se resistia siempre.
Supongo que cuando te has pegado el madrugón, los cálculos matemáticos sencillos, se encuentran fuera de su elemento y lo que te parece lógica aplastante, es más aplastante que lógica.
Otro factor que hacía que mis desplazamientos, más o menos largos, en el Xsarita, se me hicieran eternos, era la radio.
El día que mi padre apareció con ella instalada (sustituia una de casette…), mis pensamientos comenzarón a girar en torno a las miles de posibilidades musicales que se habrían ante mi. Y no solo porque era, ojo, digital. Sino porque también, además del cd, incluia la posibilidad de leer cds grabados en MP3. Y leerlos, los leia.
Hasta que dejo de querer leerlos. [...]
