Capítulo 8
La noticía cayó en Badajoz como una bomba.
Cáceres estaba en cuarentena.
¿Cuarentena? A estas alturas, los eufemismo no nos iban a llegar a ningún sitio.
Cáceres estaba llena de infectados.
Se podría pensar que cuando nos informarón sobre vectores de la enfermedad en Extremadura, eran sospechas o estadísticamente presuponian que esta comunidad estaría afectada.
Cuando los supervivientes llegarón apiñados en cualquier cosa que tuviera ruedas y combustible suficiente, nos enteramos de la verdad.
Gran parte de estos supervivientes fueron detenidos por los controles que el ejército había instalado en las vias de acceso a Badajoz. Es obvio que no todos los caminos se controlaban.
Uno de estos supervivientes, tomó la decisión de ir a refugiarse directamente a casa de un familiar. Y este familiar era mi vecino Emilio.
Cuando llego, mi padre y yo estabámos haciendo chapucillas domésticas en las puertas de entrada de la casa. Queríamos asegurarnos que a pesar del tiempo, siguieran siendo sólidas. Instalar protecciones supletorías, no estaba de más.
No se que me llamo más la atención. Si ver a desconocidos entrar en nuestra calle o verles llegar corriendo y con la ropa llena de barro de los pies a la cabeza.
Ni tan siquiera nos miraron al pasar por delante nuestra. Directamente, fueron hacia la puerta de Emilio y comenzarón a llamar con insistencia.
Podías ver en sus caras el resultado de una noche de huida. Se notaban que estaban agotados y que lo que habían vivido, se había grabado en sus ojos. Justo en ese momento repararón en nuestra presencia. Abrieron los ojos y llamarón con más insistencia sin dejar de mirarnos.
Cuando Emilio abrió la puerta, entraron a toda prisa.
Mi padre y yo nos miramos. Volviendose hacía la puerta me dijo que teniamos que terminar de revisar la puerta, ya…
Una hora despues, Emilio llamo a nuestra puerta. Necesitaba vendas y alcohol. Resulto que el hombre que llamaba a su puerta, era su primo Tomas y estaba herido en el brazo. Por lo visto se había hecho una buena raspadura en el camino hasta a Badajoz. Estabamos bien surtidos y no dudamos en darle lo que necesitaba e incluso nos ofrecimos a acompañarle por si necesitaba ayuda.
Y para saber que estaba pasando.
Dejamos nuestra casa y caminamos los pocos metros que separaban la casa de Emilio. Al acercarnos, se hicieron evidente las pequeñas gotas de sangre que había en el suelo. Se lo señale a mi padre con la cabeza y las rodeámos. No queríamos llevarnos eso a casa.
La escena al entrar en su casa era complicada. La “raspadura” resultó ser una herida realmente fea. Una sección de unos 6 centrimetros de su antebrazo izquierdo, había desaparecido y lo que quedaba era los restos del flexor profundo de los dedos. Su mano izquierda reposaba inerte encima de la mesa mientras Clara, la mujer de Emilio, trataba de aplicarle algo que parecía una toalla, para calmar la hemorragía que estaba desangrando al primo de Emilio.
-Hemos esterilizado aguja e hilo y vamos a coserle eso como sea – el tono de Emilio al ver nuestras caras, no ayudo a tranquilizarnos.
-Esa herida va a necesitar algo más que aguja e hilo.
-Ya, pero no hay nada más y no me atrevo a avisar al ejercito. Mi primo viene de Cáceres.
Le miré sin entender que le impedía avisar al ejercito y que le llevaran zumbando al hospital. Si a ese hombre no le operaban, estaba bastante claro que se desangraría encima de la mesa de la cocina.
-Llegarón a medio día…- Al ver que su primo hablaba, me giré hacía a el. Mi padre hizo amago de acercarse hasta que le sujete por el brazo y le mantuve a mi lado, a una sana distancia de 3 metros del primo.- nosotros tambíen estabamos bajo el estado de sitio…llegarón aullando…una marea…no paraban…golpeaban las puertas…nada les paraba…el ejercito les disparo…pero no paraban…iban despacio…pero no paraban…vi como agarraban a los soldados y les mordian!! Les mordian, me oyes! Llegaban esas…esas…cosas y se tiraban encima de todos los que había en la calle y los matarón!! los mataron! Subí a mi mujer y a mi hija en el coche y salimos del garaje y …y no sabía a donde ir no sabía… esas cosas…por todos lados, estaban por todos lados…solo …la carretera a Badajoz parecía libre pero había un control del ejercito lleno de soldados y sacos y armas y un tanque y se pusierón a disparar hacía nosotros! No nos advirtieron, solo dispararón! Solo…los disparos…los aullidos…estaban detras de nosotros, por todas partes…solo…el arcen! Así pasamos el control…otros…otros coches tambíen lo pasarón…pero mi…mi…le dije a mi mujer no te asustes, no te asustes, cariño…ya hemos pasado…nos vamos, cielo, ya esta hecho…ella…no…ella…los disparos…tenia un agujero en su cabeza…un disparo…y mi hija…lloraba…ella…
-¿Juan, dondé esta tu hija? ¿Donde esta tu hija?¿¿Donde esta Lucia??-Tomas le agarraba por los hombros y pense que le iba a levantar de la silla de tan fuerte que le estaba agarrando.
-Lucia…esta noche…cuando nos quedamos sin gasolina…a 20km de aquí…mas gente…un bloqueo…lo rodeamos, pasamos por el campo…nosotros…- esa era la gente que había llegado con él.-ahí estaban ellos…esos…los…esos…vienen hacía aquí! ¡Me la quitarón de las manos! ¡¡Me la arrancarón de las manos!!!!
Agarre a mi padre del brazo y lo saque a la calle. Teníamos que asegurar las puertas. Y teniamos que hacerlo ya.
Hay 20 metros entre nuestras casas pero parecian 2000. No habíamos llegado a la puerta cuando lo escuche. Un vehículo del ejercito, al menos uno, anunciaba por megafonía la inmediata evacuación de Badajoz hacía el cuartel de Botoa.
Dios, no. Dios…
La voz continuaba diciendo que no salieramos de nuestras casas bajo ningún concepto. Que no nos acercáramos a extraños y que ante todo, evitáramos cualquier contacto con personas que presentaran heridas abiertas.
Tan pronto abrimos la puerta, entramos y nos repartimos. Mi padre aseguraba la puerta principal y yo me ocupaba de la puerta del garaje. Abrimos la puerta de casa y nos encontramos a mi madre y a mi cuñado, cerrando todas las persianas de la primera planta, mientras mi hermana calmaba a mis sobrinos.
La voz del megáfono sonaba ya lejana y difusa. Apenas a 1200 metros de mi casa, se encontraba la antigua frontera con Portugal, asi que no iría más lejos. Nunca me acerqué a comprobarlo, pero juraría que el ejercito portugues, había cerrado tambíén su lado de frontera.
-No vamos a evacuar- Mi padre me miro sorprendido. -¿Cómo que no vamos a evacuar?
-Ya me has oido. El cuartel no es seguro.-
-La casa tampoco-
-No. Tampoco lo es-
-¿Entonces?- Nunca había visto tan desconcertado a mi padre. Esto le superaba. Y a mi. Y a cuarenta y tantos millones de españoles.
-Papá, ya se que es una locura. Pero escúchame.
-¡Claro que es una locura! Chata, vamos a preparar lo que necesitamos y…
-¡Si vamos al cuartel moriremos! ¡No vamos a ir al cuartel!-
Notaba la sangre como me llegaba a la cabeza. Había mil cosas que necesitaba explicarles, pero no teniamos tiempo.
-Por favor, papá -use el tono de voz más calmado que aún me quedaba- por favor, escuchame. Nos quedaremos en casa hasta pasado mañana. Y despues os llevaré a un sitio seguro. Lo tenemos todo preparado. Por favor, se que suena como si fuera una locura, porque lo es. Pero te ruego que me escuches…
Durante dos minutos les expliqué nuestra idea. La estúpida y arriesgada idea. Dos minutos durante los que mi padre me escucho sin cambiar un milímetro la expresión de su cara.
-Estais como una cabra. Chata, nos vamos…-
Y lo oimos todos.
Agudo, intenso…e inhumano.
Y al lado de nuestra casa.
Ya no importaba si estaba loco, el plan era una estupidez o si debíamos coger el primer camión del ejercito.
Estaban en nuestra calle.
Nos quedamos helados. Una cosa era escucharlo por la televisión y otra tenerlo cerca. Muy cerca. Tanto que parecía venir de la casa de Emilio. Y junto a aquello, escuchábamos otros sonidos más familiares. Gritos humanos.
Emilio y su mujer estaban gritando.
Mi padre se lanzó hacía la puerta solo para ver como mi madre le detenía.-De ninguna de las maneras vas a salir a la calle-.
-Pero, ¿y Emilio?
-Papá, no puedes salir sin más a la calle. Joder…voy contigo. Cojamos las escopetas.
-Tienes razon…
Un par de minutos más tarde, salíamos al jardín con las dos escopetas.
-Papá, pase lo que pase, no hagas ruido. No hagas movimientos bruscos. Y no dispares excepto que no tengamos otro remedio.- Asintio con la cabeza y abrimos la puerta que daba a la calle. La puerta estaba recien engrasada y no hacía el menor ruido. Asome la cabeza por la rendija y no vi un alma. La calle estaba completamente desierta.
Salimos a la calle y comenzamos a caminar despacio en dirección a la casa de Tomas. El sonido, el aullido…incluso los gritos, habían cesado. No se oia un alma. La escopeta me pesaba en las manos. Sentia el tacto de la madera antigua, el olor del aceite con el que habíamos limpiado las armas.
Comencé a sudar. Todo lo claro que lo tenía unos minutos antes, había desaparecido. No sabía que coño estabamos haciendo mi padre y yo, en la calle, con dos escopetas con 30 años a sus espaldas, dirigiéndonos hacía una casa en la que, hubiera lo que hubiera, me estaba acojonando como jamas pense que fuera posible.
Al llegar a la puerta de Emilio, la encontramos abierta tal y como la habíamos dejado mi padre y yo al salir pitando de la casa. Le hice una seña de que esperase. Me asome todo lo despacio que pude. Centímetro a centímetro.
Y ahí lo vi… [...]